Poemas de Nancy Bacelo


Portadas de los libros de Nancy





Poema Ojos que ven la verdad...

Poema Ojos que ven la verdad ilustrado por H. Alíes

DE TRANSITO DE FUEGO, 1954

Peleé por una idea hasta arrastrarme

Levantando tormentas por doquiera

Sin saber hacia dónde demorarme,

Y sin saber tampoco qué me espera.

 

Quise luchar con voz alicaída.

Conocí bocas de sabores nuevos.

Me vi sin luz, absorta, enrojecida,

En medio de la niebla, sin mis fueros.

 

Y siento aún el ruido; tempestades

Que vienen y se llevan –nada dejan-

Por más que grite, grite las verdades

Que en lo hondo me arrastran y se quejan.

 

 

 

 

 

Libros de Nancy Bacelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libros de Nancy Bacelo

 

 

 

DE CIRCULO NOCTURNO, 1959

EL UNIVERSO ENTERO  

El universo eres.

Lo dijeron tus labios.

La tierra el sol el agua

sobrenadan tu forma.

La noche se te agolpa

el día te da fuego

de punta a punta mares

en olas te marean

y luces submarinas

te asoman por los ojos.

El universo entero.

El viento que lo cruza

la siembra y los frutales

el olor de las vides

calientes por los soles

la tormenta que roja

arrasa con lo verde

el panal de la lumbre

la locura del sueño

en fin todo eso eres

y esto que aún no digo.

 

 

 

 

 

 

DE CANTARES, 1960

I  

EL canto tiene que estar

en cada boca cantando

la eternidad de cantar

 

 

II  

NO me gusta el agua quieta

ni los besos que no queman

ni la flor en la maceta.

DE CIELO SOLO, 1962  

la herencia

Instalados aquí

puestos por otros

inseguros del nombre

que llevamos

doloridos de ausencias

que nunca han de salir

de nuestros huesos

haciendo interminables  

cuestionarios

sin nunca convencernos

las respuestas

seguiremos

cuidando el subsistir

depositando

nuestra ardua tarea

hereditaria.

 

 

 

DE RAZÓN DE LA EXISTENCIA , 1964  

vi una ropa colgada en cuerda tensa

agitarse mecerse con el viento

pero también sentí del movimiento

un ruido fantasmal un ay cualquiera

DE LAS PRUEBAS DE LA SUERTE , 1969

 

No vengo a hacer memoria

porque entonces tendría que juntar de la mesa

desde el mantel al vaso donde reposa el agua

qué voy a hacer memoria

si toda la estatura que desnuda el recuerdo

es sólo una rayita de luz en el océano

si de estos ojos tengo amontonadas noches

delirios realidades

que la vida aconseja

por su nombre se llamen

que va que ya no venga.

Antes hubo en el sitio

una guitarra clara

que los dedos golpeaban

y ahora ahora ahora

el aletear del tiempo

sobre la piel asoma

como el gusto en la boca

después que te han besado.

 

 

 

DEL PAN DE CADA DÍA, 1975

 

No viento sólo no memoria tan sola solamente

sino aguda certeza del destino

mano traidora abierta a la desgracia

fantasmas de ocasión volteados solos

por su propia insegura noche rota

no luchas no perfumes no otros cielos

sino el tuyo tan tuyo como el fuego

que nos quema a los dos y nos levanta

que asegura la dicha de tenernos

presa de vos y vos de mí en el ruedo.

DE LAS COPLAS DE NICO PÉREZ, 1978

 

Vida la vida perdida

sombra a la sombra ganada

mariposa entretejida

volando en noche cerrada.

DE LOS MÚSICOS CONTINÚAN EL JUEGO, 1983

como si nadie oyera

más que su propia música

-olvidados del antes y del todo-

dirigiendo la orquesta

sin batuta

y desnudos

 

 

 

DE LOS SÍMBOLOS PRECISOS, 1986

 

Esa mujer sale de un hospital

cualquiera

envuelve su corazón

en un pañuelo

-la razón del dolor va caminando-

pero nunca lloró como debiera.

Y bueno.

DE DE SORTILEGIOS, 2002

dicha cercana

intensa deliciosa

perimetral de infiernos

de eso todo

que se instala en la noche.

 

 

 

DE HAY OTROS MUNDOS PERO VIVO EN ÉSTE, 1993  

Destino  

magia nunca fue la que corrió por cierto.

Magia es otra cosa. Punta de flecha fue. Rayo en un marco de computadora también.

Pan en la mesa no. Viento en la cara con humo en la boca sí.

Amarillo de amor no. Azul tampoco. Arcoiris en un salón de fiesta sí.

Los metafísicos ingleses del siglo diecisiete no. El ruido de la música infernal sí. Sí

fue algo que pasó y no pudo verse

porque no era de verdad el contenido sueño, porque la dicha es una flor entre la boca

que mantiene el perfume y queda entre los labios del que la recibe como un amanecer. Así.